David contra Goliat, una vez más

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Tengo un amigo que tiene un comercio en el centro de Granada. Lleva desde hace 20 años regentando una pequeña tienda de ropa unisex con unos precios muy razonables conforme a la calidad de los productos que vende. Además de su profesionalidad y conocimiento del género, la atención que ofrece a sus clientes es impecable, por lo que cuenta con una nutrida clientela.

No os voy a engañar. Cuando le preguntas cómo va el negocio responde con una frase muy nuestra que podría ser el demoninador común de muchos autónomos: “Vamos tirando”.

Resulta que mi amigo es un trabajador nato. Le dedica a su negocio muchas horas de lunes a sábado para apenas rascar un sueldo que le permite vivir sin grandes lujos. Pero desde hace algunos días está bastante preocupado.

Según ha podido saber, en cuestión de unas semanas tendrá lugar la apertura de una nueva tienda de ropa en el centro de Granada que ofrecerá prendas a un precio inferior al que puede vender mi amigo. Se trata de una gigantesca multinacional que comenzará a operar en Granada y que ni siquiera tributa en nuestro país, pero es previsible que, a pesar de estar recién aterrizada, pueda perjudicar al negocio de mi amigo.

Por lo visto, las nuevas instalaciones de esta empresa serán muy superiores a las de mi amigo, los trabajadores llevarán uniformes impecables, se podrá reservar ropa a través de una aplicación móvil que indica al cliente el precio final de lo que desea y, además, se podrá valorar la atención con una encuesta posventa.

Yo he intentado tranquilizarle. Cuenta con un negocio que ofrece un servicio personalizado desde hace 20 años. Además, es miembro de una asociación que aglutina a otros comercios de autónomos que están en una situación similar por lo que, en mi opinión, sólo es cuestión de que intenten ponerse de acuerdo y adaptarse a estos tiempos.

He intentado animarle a que, entre todos los asociados, intenten competir de la mejor manera posible. Le he dado algunas ideas, como abrir un perfil en redes sociales para dar una mejor atención a sus clientes, invertir en una aplicación móvil que ofrezca beneficios similares a los que ofrece su competencia, comprar nuevos uniformes… pero ha sido inútil.

Según me ha contado, están pensando en boicotear la apertura de esta nueva “macrotienda” junto con los otros miembros de la asociación, intimidando a trabajadores y clientes de la misma. Además, están solicitando a las instituciones que pongan freno a la apertura del negocio porque piensan que no es justo.

Además de este amigo, tengo una amiga que tiene una pescadería de barrio al que han puesto en frente un gran hipermercado. O mi primo, propietario de un bar de toda la vida al que está quitando la clientela una gran cadena italiana de restauración. Puede parecer injusto, pero creo que lo mejor, siempre, es que el cliente decida.

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